martes, 31 de enero de 2012

CaStiLlo dE caRtaS

Todas las relaciones sufren un desgaste. Es inevitable. Es el propio paso del tiempo.

Entendiendo el desgaste como la erosión, el cambio de estadío entre algo "nuevo " y algo "usado". Y aclaro con comillas, porque esas palabras sin ese contexto, no tienen ningún significado dentro de lo que entiendo, como una relación.

Aclarar, parece por otro lado, el estado permanente de una relación desgastada. Los chistes no se entienden, los tiempos no son los mismos, y la sensibilidad pareciera estar a flor de piel.

Lo que antes era simpático, o simplemente nos sacaba un rato de eje, hoy puede ser otra gota más en ese cargado vaso medio lleno, pero de problemas.

Esto pasa en toda clase de vínculos de amor, la pareja, la amistad, y la familia.

Y que hacer cuando el vínculo está desgastado y uno está sin ganas?

Creo, que lo importante es recuperar los espacios de dialogo sin ruido. Y el primer ruido a descartar es que proviene de la propia cabeza.

Una vez que entendemos que el/la de enfrente es tan errático y tan vulnerable como nosotros es cuando empezamos a entender que no somos el centro de los ataques de la humanidad o una persona condenada a la incomprensión.

Vincularse es también coordinar partes y acciones para que el universo fluya.

Ver el desgaste, (o el desastre) es ver el problema, lo que muchas veces es esperanzador porque significa que aún queda algo.

Aunque haya que rearmarlo nuevamente.

Cuando era chico, a mi abuelo Adolfo que le encantaban las cartas y entre mano y mano de solitario (no era el rey de las vinculaciones, digamos) me enseñaba a armar castillos. Dentro de su departamentito de escasa luz y menor viento se disponían una cantidad enorme de muebles, entre ellos una mesa larga con un mantel de hule.

Sobre ese mantel y a una distancia prudencial del ventilador de pie, es que me sentaba a armar mis torres.
Cuantas veces se me habrá caído por mi propia torpeza y cuantas otras a causa de factores externos, como el aire de la ventana, los pliegues del hule, la pasada de radar del ventilador, o la picardía de mi abuelo que ante un descuido soplaba un poco sólo para verme despotricar.

Supongo que cuando lograba armar algo bien alto, y bien firme, era porque todos los actores se habían puesto de acuerdo para que así sea.

Las relaciones, aún así las más sólidas, tienen la fragilidad de un castillo de naipes. Bien armadas, o rearmadas, pueden resistir vientos y soplones, pero siempre tienen que contar con uno, o dos (mucho mejor) centinelas que preserven su estructura.

Esta semana oí de castillos que andaban resistiendo y no tanto vientos fuertes.

Es curioso como a veces, encontramos la manera de acomodarnos, a partir de la estrategia del que tenemos al lado y de paso, le indicamos una opción de como mover la suya.

Y eso siempre termina por acomodar la nuestra.

Alejandro G. Araujo 14/04/2000
 

1 comentario:

  1. Esto es un homenaje a otra alma sensible o freaky, según como se mire.
    Para mi transitamos cuerdas, que son flojas y las crisis son nudos...dependerá de dos manos para poder desatarlos y seguir en línea recta.
    Eso es lo lindo de las relaciones, todas las miradas enriquesen.
    Y en este msj donde todo se conecta o no, Ale te dejo un beso grande.

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