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| Risa hipócrita! |
Como en estos días el amor o desamor no me viene inspirando, me voy a explayar sobre mi relación con la tarjeta sube.
Me considero una persona patriota, amo mi país y me gusta defenderlo, no obstante por mementos me desilusiona…pero es así como funciona cualquier amor, el límite es tan fino, tan delicado.
Hago un paréntesis y reconozco que no fui una de las personas que estuvo bajo 40º haciendo cola para conseguir la tarjeta, tuve la suerte de que me la consiga un compañero del trabajo. Sino a esta altura sería una Violencia Rivas a los tiros en la Dirección del Transporte.
Volviendo, mi experiencia tuvo un repentino cambio de sentimientos. En un principio cuando tuve la tarjeta en mi mano, fue algo tan sencillo, tan fácil…hasta logro desprenderme de la carga que era conseguir las monedas (cosa que hasta ese momento encontraba difícil y molesto), así que fui feliz. Pero hay que subrayar el fui, ahora me esperaba el segundo paso, tener que cargar la tarjeta. Ilusa deje pasar unos días.
Sabiendo que faltaban dos días para el 10 de febrero (día que aumentaba el boleto si no se viajaba con la tarjeta), me predispuse a cumplir con mi tarea inconclusa. Así que entre en el sitio web oficial y busque las direcciones donde se realizaba la recarga por zona norte. Evoco una imagen mental: mucho calor, un papel donde anoté las direcciones, 1 hora de tiempo, auto pero sin lugares para estacionar así que me puse a caminar. Resultado: 2 no recargaban, 1 no existía la enumeración, 3 cerrados (a las siete de la tarde) y 1 donde me querían cobrar 5 pesos por el servicio. Conclusión: no hice la maldita recarga, así que termine indignada y desilusionada (me sentía como cuando te dejan plantado).
Día siguiente, le doy una segunda oportunidad así que me desvío de mi recorrido para el trabajo, me bajo del colectivo donde me gaste mis últimas monedas (situación límite), voy al subte y no cargaban, pregunto en un kiosco y no tenían ni idea…hasta que por fin encontré donde poder hacer la recarga. En ese momento ya estaba medio paranoica, pensaba que después iba a pasar la tarjeta y lo más seguro era que no ande.
Termino mi día, voy al colectivo: la tarjeta funciono y pude viajar, pero ahí no termina: llego a mi casa y me entero que ahora hasta marzo hay tiempo para conseguir la tarjeta, claramente ese día va a ser el día en el que yo me quede sin recarga.
Es momento, lo dejó al criterio de cada uno, porque puede que hablé de más (y como pasa con cualquier amor) después me amigue y me arrepienta. Hasta el momento, ya estoy extrañándolas monedas!

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