jueves, 14 de abril de 2011

Un viaje que divorcio el cuerpo de la mente

¿Quién me lo iba a decir?  Pensar que llegue ahí por una cuestión de descarte meteorológico. Sacando el pasaje un día antes, sin nada programado, a la espera de lo mejor pero sin grandes expectativas. Solo ganas de viajar y un mapa sin marcar.
Pero fue poner el primer pie en ese pasillito que te lleva al avión donde comenzó la magia.
De repente me había convertido en un gran plexo abierto a lo fortuito, donde el deseo guiaba y la sorpresa cumplía.
Me queda escasa la elocuencia para poder expresar, exclamar, enfatizar la experiencia de lo vivido. Sé que alcance la felicidad porque mi estado de ánimo estaba dotado solo de un enfoque positivo y con una paz interior inmensa, invadida por satisfacción y alegría, complacida…realizada. Epicúreo, nirvana, divinidad…definitivamente no conozco palabra que se haya inventado para poder definirlo. Como un letargo, una parálisis pero de plenitud.
Estuve sobrepasada de carcajadas, esas risas que duelen en la boca del estomago o de las que no podes parar de llorar, sus ruidos sonaban a niños revividos, a dicha, a opulencia. Que renovador y necesario.
Me encuentro con miles de fotos y videos pero ni la paleta del artista más profesional pueden reproducir lo que captaron mis ojos, todo es insuficiente, ni mis recuerdos pueden calcar tanta belleza, esplendor, gracia, magnificencia, perfección, sublimidad, gallardía, primor.
Me lleve un tesoro que no se cotiza ni en dinero ni en reliquias. Vivencie un modo de vivir despegado de lo cotidiano, de las preocupaciones absurdas, de lo terrenal y frívolo, dejando solo lugar a que lo maravilloso de la naturaleza irrumpa, que la gentileza y las energías positivas sean el modo de relacionarse, la sonrisa como carta de presentación seguida por la preocupación por el bien estar de los que te rodean por más que sean solamente extraños. Capaz encontré lo más parecido a lo que puede ser volar para los hombres o entré en una capsula donde solo suenan buenas melodías y la única consigna es bailar con alegría.
Con el retorno a la ciudad de la furia, hoy me encuentro que estoy distinta, que ese cambio de atmósfera produjo en solo siete días un cambio en mí, como un switch que polarizo mis neuronas…en definitiva me divorcio mi cuerpo de mi mente.

Lo corpóreo esta en estado automático para cumplir con las responsabilidades, cansado por algunas sobreexigencias, adaptándose. Pero mi mente continua allá, no se engancha con el estrés, relajada, a la espera de más sorpresas, despejada, encarando distinto, buscando en esos rinconcitos desapercibidos fascinaciones, entendió que el fin es divertirse y conseguir la felicidad. Su deseo y lo que no quiere perder de vista es este nuevo tesoro, y que lo mundano no la vuelva a invadir.

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