Cuando la
contempla en sus decires, en sus andares y hasta en sus pausas, él siempre cae
en la duda de para quién y a qué son dirigidos: son tan para todo y tan para
nadie, que le da miedo. Le da miedo de dejar cosas sin entender o entender innecesariamente
de más. Pero es ese misticismo de ella donde él encuentra su interés. Y es en
esas ganas de él, de seguir explorándola sin atosigarla, donde ella se conoce
más…disfrutando del rompecabezas. Se encontraron en un reto, donde cada uno
pone una pieza para poder complementarse.
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