onar, primero tiene que haber sido
ofendido,
pero como nadie tiene el poder para ofender a nadie a menos que uno le
haya dado ese poder, resulta que, paradójicamente, el perdón nunca
debería recaer sobre la persona que supuestamente nos ofende sino, en
todo caso, sobre uno mismo, por haberle dado tan neciamente cabida a la
ofensa. Cada uno crea sus propios estados de ánimo, o, expresado de otra
manera, "los hombres no se perturban por causa de las cosas, sino por
la interpretación que de ellas hacen" (Epícteto). El ofensor, por lo
tanto, siempre es uno mismo: te ofenden porque te ofendes. De ahí que
cuando alguien perdona una ofensa, lo único que está haciendo, en
realidad, es desligarse de la responsabilidad que le cabe por ser su
propio ofensor, para trasladarla a otro." By J.R.Olguín.
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