lunes, 27 de agosto de 2012

1 máS 1 deBeRía SieMpRe daR 2


Uno más uno siempre da dos, o por lo menos, eso es lo que nos enseñaron desde chiquitos en el colegio. La matemática no tiene problemas de exactitud pero cuando se trata de relaciones humanas las premisas se ponen dudosas. A veces cuando una persona se intenta sumar a otra, siguen siendo unidades separadas que no forman pares. Tal es el caso de Amanda.
Amanda desde que conoció a Benjamín por más que intento adherirse siempre siguió siendo una, bueno...en algunos momentos llego a ser uno y medio, o lo que es peor, en otros llego a ser solo un medio.
Amanda no se daba por vencida, convencida de eso que le habían enseñado de tan chiquita, seguía sin entender como era posible que al intentar unirse no consiga tal resultado. Tuvo varios artilugios, el más importante fue explicarle a Benjamín las consecuencias que tenían la falta de presición a la hora de sumar: por un lado sus sentimientos de soledad seguidos de frustración y por otro, que era imposible pasar a operaciones más difíciles como la multiplicación. Pero así y todo,  (y supongo que también influencia por el paradigma de la repetición como modo de enseñanza de la escuela) seguía intentando.
Por suerte o por desgracia, porque simplemente la vida es así, llego el día en que Amanda pudo entender que no siempre uno más uno es dos. Hasta pudo descubrir que a Benjamín le pasaba lo mismo, que los dos estaban en diales diferentes y no se podían encontrar en la misma sintonía. Entonces, capaz por el momento, seguirán siendo uno a la espera de encontrar la otra unidad parecida para terminar formando el par que necesitan.

No hay comentarios:

Publicar un comentario