Tanto ruido y cables sueltos, esa maraña sin extremos.
Ese miedo ancestral pero presente,
inamovible.
Tanto ruido, aún en esas noches donde se acallan o se intimidan las
luchas, pero los contrincantes están ocultos
y prevenidos.
Sumergida en un remolino de
evitación y ansiedad,
las persistentes preguntas
repercuten en las ropas y en las pieles.
Hasta dónde se puede escalar sola, esquivando
manos lejanas e infieles.
Siempre el peor golpe fue la
decepción.
Pero es hora de seguir otro camino,
de seguir un camino,
un camino donde no se encuentre con
sus ojos.
Con cada paso arrastrado, se
paraliza más el alma doliente.
Ya sin tregua, a cada hora, la
garganta se angosta y recuerda,
trae y hace permanecer ese dolor,
ahora permanente.
…aún así, jamás derrotada. Aunque este perdida, equivocada,
desilusionada, lejana; podrá
levantar esa espada, su espada.
Para vencer, para vencerse y quizás
solo así volver a estar un poco más liviana.
Solo un poco, eso sí, bastante poco!!!…
terminar menos enmarañada.
