Fue al cumplir los 20 años que pasó de ser una simple
sospecha a una rotunda confirmación. Donde quería que suceda algo, iba a pasar
cualquier cosa menos lo planificado y por lo general el peor de los
desaciertos.
No sabía si era porque lo creía entonces lo sentía, o si lo
sentía entonces lo creía. Ya no importaba como iniciara el circulo el
resultante era que en lo concreto, surgía el desacierto.
Ya convencido de que estaba destinado al desatino, fue a
consultar con médicos, psicólogos, psiquiatras, gurúes… fuese cual fuese la
especialización lo entrenaban para modificar lo que le diagnosticaban como error
cognitivo, desequilibrio energético, delirio... Pero Roberto seguía viendo que
más allá de todo medicamento continuaba la falta de atino.
Cada vez más desesperado se incrementaban sus dudas para
iniciar cualquier acción. No comía maní para evitar una alergia o atragantarse,
empezó a caminar más para que no continuaran los accidentes de tráfico pero entonces se le
rompían las zapatillas.
En un momento de desgano, inició una relación pensando que
lo iban a rechazar. Pero a los meses comprendió que perdería al amor de su vida
por estar en pareja.
No había forma de ir contra su incongruencia, mientras más
se esforzaba más se enredaba. Pensó hasta en encerrarse, pero al día de
comenzar a escuchar las grietas que
surgían de las paredes se fue de viaje. Solo le quedaba una oportunidad, ir con
el vidente.
Como era de esperarse, para Roberto, se iba a perder y nunca
llegar a destino. Pero para su sorpresa, sin ninguna vuelta, llego a una puerta
que al abrirse escucha: Te estaba esperando.
A paso lento y atolondrado se acercaba un anciano que lo
invitaba a sentarse. Al estar enfrentados el hombre misterioso comienza a decir:
“Sos el hombre con mayor libertar y mayor control en esta realidad. Todo lo que
pienses, creas o sientas que te pueda pasar no sucederá. Sal a la calle y
prueba tu instinto, no tendrás límites”.
Fue así como Roberto decidió cruzar la calle sin mirar. Fue
así como Roberto no tuvo más que pensar… y fue así como el vidente aprendió que
el destino del desatino no se puede cambiar.
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