Milagros es una chica joven que en estos tiempos de elecciones se siente rodeada de maledicencia y falta de convicciones. Esta abrumada por un sistema que no deja de hacer presión y compra a todos, ella incluida.
No es de izquierda pero tampoco es de derecha. No sabe si es socialista, progresista, liberalista o noocrática. Digamos que adhiere a una ideología mixta, pero prefiere ser “espiritualista”.
Le gustaría creer que la política se trata de algo altruista, pero sería necio de su parte. Por otro lado, la falta de seriedad y compromiso la ve en las campañas y los discursos, pero al mismo tiempo esta la ceguera generalizada de la gente.
Dicen que el voto es un reflejo de uno, representativo…pero en su caso no encuentra un líder con sus características o que luche por las mismas causas.
Cada vez más indignada y escéptica. Sin embargo, no dejará nunca que le quiten sus ganas de luchar por su patria y sus derechos.
Mientras esta en la búsqueda de valores que no quieren ser encontrados se pregusta cómo cumplir con sus obligaciones de ciudadana.
Le sale un viaje que le da la oportunidad de huida. Igual así, a Milagros le invade la culpa porque sabe que hay que hacer y saber más que quejarse.
Termina sufriendo una relevación cínica: el meollo no es una cuestión de bandos o credos, haga lo que se haga, todos hipotecan una parte de su alma al diablo cuando se trate de política.